domingo, 8 de febrero de 2015

Sevilla

"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero".
Antonio Machado

Aprovechando la cercanía de la capital andaluza con Madrid gracias al tren AVE, realizamos una corta visita a Sevilla.  Nos hubiera encantado permanecer más tiempo para poder recorrer pausadamente sus calles y visitar con calma alguno de sus monumentos más emblemáticos.

Nada más bajarnos del tren en la estación de Santa Justa nos dirigimos hacia la Plaza de España, que a aquellas horas de la mañana ya empezaba a recibir a los primeros turistas, pero que aún estaba tranquila.

Las calesas tiradas por caballos, los puestos de abanicos y souvenirs, hasta las gitanas dispuestas a desvelarte el destino oculto en la palma de tu mano, ocupaban ya sus puestos para comenzar la jornada.





Poco a poco, la plaza se fue llenando de gente, la mayoría cámara en mano dispuestos a inmortalizar el lugar, así como algún que otro artista callejero que amenizaba la escena con sus habilidades. La verdad es que es una plaza viva, siempre transitada y bulliciosa.





Tras un breve descanso en el Parque de María Luisa, bajamos hasta el río, pero de momento no íbamos a cruzar a la otra orilla, y desde esta nos dirigimos al centro.




Una vez en el casco histórico, nos encontramos con algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad: la Catedral, la Giralda y el Alcázar, para perdernos luego por el barrio de Santa Cruz y la Judería.





Tras tapear algo para comer (el ambiente de tapeo era increíble a aquellas horas, y se prolonga hasta bien entrada la tarde), ahora sí nos dirigimos de nuevo al río, para cruzar por el puente de Triana y pasear por el barrio del mismo nombre.


Barrio de Triana desde la otra orilla del Guadalquivir.



Como estábamos al final del otoño, en breve empezaría a anochecer, dejándonos esas horas unas bellas estampas de la ciudad iluminada.





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